miércoles, 2 de enero de 2013

A todo hijo de puta, con amor:



Queridos hijos de la gran puta, no os extrañará que os escriba hoy, miércoles 13 de enero, dadas las numerosas muestras de cariño recibidas por vuestra parte en los últimos 26 años. No sé cómo agradeceros tanta dedicación y tanto empeño por hacerme disfrutar de la vida en su máximo esplendor. Gracias a vosotros ya sé que hay dos clases de personas en el mundo: los gilipollas hijos de puta, y los hijos de puta a secas. No sé por cuál de los dos grupos decantarme, así que, he decidido contaros un poco mi día a día para que podáis valorarlo y morir o bien sumaros al puño de la sangrienta justicia individual.

Como siempre, empezaré con una reflexión sobre la vida:

“Cuando crees que a todo el mundo a tu alrededor le va mejor que a ti misma, tienes un problema. Cuando desearías ser cualquier otro ser antes que tú misma, tienes dos problemas. Cuando sientes que puedes decir de corazón cosas como: odio a la gente, detesto la raza humana y ¿es que no hay nadie en este mundo que no sea gilipollas? Entonces solo tienes un problema, pero muy gordo. Hay días que desearía salir a la calle con una guadaña o un lanzallamas y cargarme a la mitad imbécil de la población. A la otra mita la dejaría viva para que aprendan del ejemplo de sus compañeros de planeta.”

Eres buena con la gente, incluso generosa. Te callas todas las porquerías que pasan por tu mente si con eso te ahorras herir a alguien porque tienes empatía y sabes como podría sentirse el otro. Sacaste buenas notas en el instituto. Fuiste voluntaria, sin que nadie te lo pidiera, sin recibir nada a cambio… Pero todas esas cosas no sirven de nada si cuando hicieron el reparto de la mala suerte tropezaste y te caíste de narices en la caja de las “malas suertes” de todos los demás, empachándote cual Obélix en esos cómics del año de la polka.

Si alguien puede imaginar cuánto duele fingir estar bien cuando en realidad rabias, te sale la tristeza por cada centímetro o te mueres del asco; podrá acercarse a ese sentimiento, mediante el cual se llena la mente de preguntas sin respuesta: ¿por qué? Porqué me toca a mí toda la mierda, por ejemplo. Y piensas: que haya en el mundo millones de pirados, asesinos en serie, violadores, maltratadores… hijos de puta en general, y que me tenga que tocar a mí. ¿Qué cojones hice yo en mi vida pasada? Fui Hitler, está claro, y como no me dio tiempo a pagarlo en vida me está tocando ahora.

Si a eso le sumo que estoy rodeada de gente insensible, gente sin sentido común y egocéntricos que sólo se preocupan de su propio ombligo, me queda una combinación explosiva de “o me relajo y hago lo que se espera de mí o acabamos todos mal”: yo en la cárcel y más de 30 entes muertos, aniquilados, cruelmente descuartizados y semienterrados a sangre fría. Pero todo ese sufrimiento no es nada comparado con lo que merecen por su hipocresía gratuita.

Os ilustraré, amados lectores, con ejemplos con los que, es evidente, muchos de vosotros os sentiréis identificados, si así es, dejad un comentarios y seréis reclutados para la guerra que se maquina en mi pequeña y retorcida mente. Ejemplos tales como:

1.- ¿Para qué mierda, viene una tía a ponerse en contacto conmigo después de más de un año sin hablarme, para preguntarme si deseo asistir a su enlace matrimonial? Yo ni siquiera tenía noticias de que tuviese pareja.

2.- ¿Porqué cojones eliges las dos de la mañana de un día laborable para darme un toque al móvil? Pretendes que me dé un infarto, para quedarte con mi herencia, está claro.

3.- Pasas de mí como de la mierda durante dos años de curso, durante el cual finges alegría e ilusión desbordantes cuando te toca hacer un trabajo en grupo conmigo. Normal, tienes un sobresaliente asegurado. Y después de decirme cuánto me quieres y me adoras, me aseguras no poder vivir sin mí una vez acaben las clases y me pides: teléfono, e-mail, y demás formas de mantenerte en contacto conmigo. Pero después curiosamente nunca puedes quedar conmigo, ni tienes un solo minuto para llamarme, eso sí, dos años después de no dirigirme la palabra me agregas al Facebook. ¿Para qué, según tú?

4.- Un colega me anima a salir de fiesta. Después de todo, hay que vivir la vida. Se empeña en invitarme medio millón de veces a una copa, yo las rechazo todas. Y después le da miedo que me vaya sola a casa y me tiene que llevar a regañadientes hasta la mismísima puerta de mi casa. Después de repetir el proceso un montón de veces incontables, me viene un día con una charla de: Rombos de aprovecha de mí. Claro, hombre, de ti y de cada inútil que tengo alrededor. No te jode.

5.- Una chica que se me viene a quejar de lo dura que es la vida porque su madre ha decidido bajarle la paga a tan sólo 300 euros mensuales, lo cual le recorta claramente los caprichos. Yo la escucho con atención, prestándole todo mi cariño y comprensión mientras pienso que llevo viviendo dos años con menos de 30 euros al mes. Pobrecita, qué dura es la vida.

6.- Me viene una chavala a la que no conozco de nada a enviarme un mensaje privado porque según ella me quiere y me admira. Vete a saber porqué. A los dos días no ha recibido por mi parte la respuesta babosa y petulantemente agradecida y decide que de repente me odia y me lanza toda clase de insultos del tipo: puta no mereces vivir. Y yo… ¿Tengo que perder el tiempo leyendo tu porquería de mensaje?

Adoro a las personas que tienen esperanzas puestas en mí, que me adjudican una serie de obligaciones y metas simplemente porque tengo cara de buena persona, porque le doy buenas vibraciones, le he caído bien o gilipolladas por el estilo. Me gustan tanto esas personitas a las que siempre acabo decepcionando que me gustaría abrazarlas, estrujarlas, hasta que le estallara la caja torácica, se mearan encima y les saliera sangre de los ojos a borbotones. ¿No es precioso el amor? Cómo nos atrapa a veces sin que nosotros lo podamos controlar, es como cuando tienes un deseo irrefrenable por hacer algo y si no lo haces de la ansiedad acumulada acabas saludando al cartero así: hola… (de repente un buen garrotazo con un bate de béisbol en plena cara) y le pides perdón, por supuesto: perdona, amable trabajador de correos, estoy algo confusa, ¿podría usted responderme a una sencilla pregunta?: ¿porqué tiene la puta manía de llamar siempre a mi timbre para que le abra la puerta si luego mete mis cartas en el buzón de mi vecina dobladas para que se jodan bien las revistas? ¿Es algún tipo de iniciativa por parte del alcalde para que los ciudadanos nos comuniquemos más? Si es así, gracias por darme la oportunidad de comunicarme con usted y con la puta de la vecina que se queda mis muestras gratuitas y me hace el favor de abrirme las cartas del banco.

Si después de leer este corto relato convencionalmente aburrido os habéis sentido identificados con al menos alguna pequeña parte de él, deberíais hacer realidad vuestro sueño, salir hoy a la calle con el cuchillo jamonero y entablar conversación con esa persona que os empuja siempre en el supermercado, que os pide el sitio en la cola porque “tiene prisa”, hablad tranquilamente con el hijo puta del vecino que trae a su perro a cagar a la puerta de tu casa y luego deja el regalito. Hacerle una visita al empleado de la pizzería que a pesar de haberse criado en España no entiende el castellano y te coloca aceitunas negras en lugar de las verdes que le pediste, hacerlo, se sentirá más sabio después de que le hayáis explicado que ser daltónico voluntario tiene su premio. Y por favor, si lo hacéis. Saludarme con un buen par de cojones desde la cárcel. Espero con ansia vuestra correspondencia.

Atentamente: Rombos desquiciada y más sarcástica que nunca. (Miércoles 13 Eenero 2010)

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