miércoles, 2 de enero de 2013

¡Buenos días, Princesa!



¡Buenos días, Princesa! Así es como toda mujer debería empezar cada día de su vida, sintiéndose amada y valorada. Porque todas merecemos ser princesas de nuestro propio reino y muy pocas llegamos a conseguirlo. Hoy me siento afortunada por poder escribir mi historia desde mi pequeño mundo del que soy soberana, y desde el cual: soy feliz.


Las niñas, desde bien pequeñitas tenemos que escuchar que debemos hacernos valer, que tenemos que ser nosotras mismas y conseguir que los demás nos acepten tal y como somos. Ya no nos leen cuentos, el mundo ha olvidado los finales felices, y sobre todo: a los Príncipes.


Hacerse mayor, ser una buena chica, tener buenos modales, ser obediente, ir siempre impecable, estudiar mucho, trabajar duro y quejarse lo mínimo posible. Son cosas importantes. Pero no son las únicas. Hemos dejado de lado las emociones, la ilusión... y los sueños.


Nos enseñan que dormir ocho horas es sano, que debemos cambiar el colchón cada diez años y están de moda los hábitos de vida saludable, pero... ¿a que ya no recordáis haber soñado tan bonito que despertar se convertía en una tortura? Si has sonreido ha llegado el momento de seguir hoy un mini-consejo, de princesa a princesa: interrumpe en este momento la lectura de Sin Rombos, busca bolígrafo y papel, y déjalo en el primer lugar que vayas a encontrar nada más despertarte, ya sea la mesita de noche o algún otro lugar muy cerca de la cama. ¡No es broma, hazlo! Este blog seguirá esperándote para que continúes leyendo una vez hayas terminado esa pequeña tarea. Bien, ve a hacerlo, te doy tiempo.


¿Ya lo tienes? bien, ahora paso a explicarte para qué lo necesitarás. Esta noche vas a ir a dormir con un pensamiento positivo, podrían ser siete o tres, que son números mágicos y quedaría estupendo hacer alguna referencia hacia algún tipo de simbolismo en la mitología, astrología o cualquier otra "-logía" pero para empezar nos conformaremos con uno.


Debes recordar tan sólo esta pauta: que tu último pensamiento antes de quedar dormida sea el mejor que hayas podido inventar hoy. Y mañana justo al despertar, antes de desayunar o de lavarte la cara incluso... ¡escribe! escribe todo lo que recuerdes que has soñado, hazlo rápido y sin pensar, no importa que la letra no se entienda, las faltas de ortografía o que no esté bien redactado, pueden ser incluso ideas o palabras sueltas. Parece que no tiene sentido pero como todo buen experimento tiene su segunda parte.


Una vez hayas hecho ésto, puedes levantarte y hacer tu vida normal. Entra en la ducha, prepara un buen desayuno o lo que sea que hagas cada mañana. Cuando tengas un rato, a lo largo del día podrás pararte a pensar, y te darás cuenta que olvidaste el sueño por completo, siempre ocurre así. Soñamos cantidad de cosas todas las noches y con el amanecer, se olvidan. Bien, ahora viene la mejor parte: busca el papel que has escrito y recoge tu auto-regalo. Te sorprenderá la cantidad de cosas que puedes llegar a crear...


Y con este ejercicio te doy la bienvenida a este pequeño gran programa de recuperación de sueños y soñadoras.


Te contaba al comienzo de esta entrada que hemos dejado de ilusionarnos por las cosas que tanto nos gustaban, hacemos memoria y todo lo pasado nos parece especial... o quizás solo lo recordamos así. No te precupes, yo también perdí la fe ...en muchos momentos! Pero eso siempre puede cambiar.


Un gran día se compone de pequeños detalles unidos entre sí de una forma absurda y desordenadamente dulce. Un beso en la mejilla antes de despertar, una voz grave que te canta: ¡Buenos días, Princesa! y la sonrisa que provoca. Son señales inequívocas de que: a) ha sido una noche maravillosa, b) va a ser un día estupendo o, c) ambos.


En mi caso, os dejo que lo imaginéis... está bien, está bien, lo cuento. Ser auto-suficiente, buscar un equilibrio emocional y un largo etcétera de términos igualmente "molones" está genial, sí, genial para que te lo cuente un psicólogo para confirmarte que estás sola y que estar sola es una mierda. Sentirse deseada es un regalo que todas vamos a recibir cuando queramos y podamos. Y de vez en cuando necesitamos nuestros periodos de transición, como el que estarás pasando ahora mismo, o quizás no. En cualquier caso, no me importa, ya hay miles de libros de auto-ayuda que hablan de sentirse bien con una misma cuando las cosas te van mal pero... ¿qué ocurre cuando las cosas van mejor que bien?


En primer lugar ocurre que nos olvidamos de contarlas, de manera que da la sensación de que sólo ocurren cosas que nos disgustan y no es cierto. Para demostrarlo he decidido dedicar un rato feliz de mi vida a contarlo, porque a veces, no es que solo me ocurran cosas malas, sino que, sencillamente, olvido mis sueños cuando despierto de ellos. Pero están ahí, son maravillosos y merece la pena recrearse en ellos.


Como en un abrazo, que puede durar horas. El olor a piel húmeda recién salida de la ducha, fresquita y agradable al tacto. Los besos lentos que te permiten pararte a pensar ¡Dios mío, me encanta cómo besa este chico! y lo mejor: relamerte cuando se da la vuelta y crees que no te ve. Que haga o diga tonterías sólo para ver cómo sonríes. Que te diga constantemente lo dulce que eres. Los pequeños mimos en público que te gustan pero a la vez te dejan con ganas de más. Que después de tres meses sigas sintiendo esos nervios en el estómago cuando estás a punto de verle. Escucharle cómo suspira si le tocas. Que cierre los ojos cuando le acaricias. Que te mire como si no hubiera ninguna otra cosa más bonita en el mundo. No cansarte de escucharle decir: te amo. Y tener la certeza de que está leyendo ésto y se acaba de dar cuenta de que el mundo a su alrededor ha desaparecido.


Que mire y juegue con uno de mis tirantes mientras me habla de ...cualquier cosa. Que me lea durante horas y consiga hasta que me olvide de comer. Que se declare nada detallista cuando en realidad todo su encanto son mil y un detalles que le hacen único. Oírle decir que me quiere sólo para él. Que se ponga celoso y se lo guarde para contármelo media hora después entre besos y abrazos. Hacerle cosquillas porque me vuelve loca cómo sonríe. Actuar siempre con naturalidad delante del otro. Que recuerde todas nuestras conversaciones. Que me bese en la oscuridad del cine provocando que pierda el hilo de la película... y que me dé igual. Verlo disfrutar con sus amigos. Pensar que le hago feliz. Y... poder decirle de todas las formas posibles lo feliz que me hace a mí.


Y si ahí fuera el mundo es cruel, hoy me da igual. Y si resulta que la vida es una mierda, hoy no me importa. Porque sé que puedo ser feliz, porque sólo necesito más de tí para seguir siéndolo.


A veces ser feliz no es un regalo caro en una caja grande ni tampoco el ramo más bonito de la floristería. A veces la felicidad es ESA sensación de ingravidez cuando flotas con el mar en calma, porque sabes que has pasado inviernos muy largos sin poder bañarte, y porque tienes la seguridad de que hay cientos de personas que no saben nadar y jamás han tenido esa sensación. Porque soy afortunada y lo sé.


Y ahora, querida lectora, recuerda tu pensamiento feliz antes de irte a dormir.

¿El mio?: Mi Príncipe. (Lunes 11 Julio 2011)

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