miércoles, 2 de enero de 2013

Que lo decidan mis dos mitades



Ahora soy como dos mitades contrarias. Una de mis mitades te odia a muerte, por defender a la otra mitad que continúa loca y ciegamente enamorada de tí.

La mitad que te odia me domina a ratos inundando mi mente de imaginativos sacrilegios.
He visualizado tu muerte ya en más de una docena de ocasiones, en todas ellas te doy muerte con mis propias manos. Mi sádica mitad me regala a menudo vívidas pesadillas mucho más sangrientas que cualquier película que haya visto. Me hace verme a mí misma como preparándome para lo inevitable, me veo segura, poderosa y llena de ira. Esperando una excusa para atacar, cualquier ambigüedad, cualquier palabra que poder malinterpretar con el pretexto de vomitar una serie de reproches y acusaciones exageradas que alimenten un odio irracional que solo puede desembocar en la violencia.

Y me veo usando mis manos como nunca he deseado hacerlo. Te golpeo contra el suelo, sangras, te araño y te grito, te muerdo y te descuartizo, no puedes hacer nada para defenderte y cuanto más daño te causa, más deseo continuar haciéndolo.

Hacerle daño físico a otro ser humano es como la imitación de lo que realmente anida en mí, auto-castigarme. Porque como ya dije, mi morbosa mitad sólo cumple con su misión de dar salida a un sentimiento de odio a mí misma, repulsión que sé que no me merezco.

Mi otra mitad es sabia pero esta ciega. Sabe que no debería amarte como lo hace. Ni te lo mereces tú, ni yo merezco amar a alguien que tan solo juega conmigo. Mi enamoradiza mitad lo sabe bien, me tratas mal, me engañas, me seduces y después me abandonas, vuelves y te ríes de mí. Y yo me doy cuenta de todo pero esa parte de mí se niega a dejar de quererte. Solo ve lo que quiere ver. Y al igual que durante sueños nocturnos mi demonio me muestra todo lo que me hicieste abriéndome los ojos, mi angel interior se empeña en adormilarme durante el día haciéndome soñar despierta con todos aquellos momentos en los que todo era cariño, ternura y pasión.

Yo misma me confundo haciendo imposible discernir si de verdad todo fue tan maravilloso o solo era una ilusión. Incapaz de decidir si te amo o te odio, dedico horas a amasar recuerdos y modificarlos al antojo de la mitad que en ese momento gobierne mi mente. Tan pronto te recuerdo mirándome dulcemente como si no existiera nada más a nuestro alrededor, haciéndome sentir la mujer más bella de la tierra, mi recuerdo se torna turbio y me parece estar inventándolo para mí misma.

Me pregunto si nunca me quisiste, si nisiquiera me lo hiciste creer y fui yo quien lo inventó todo para goce de mi propia imaginación. ¿Y si todo fue, en verdad, una ilusión y ahora lloro porque perdí algo que nunca fue mío? Ya ni siquiera entiendo la razón de mi llanto, ¿estoy triste porque sé que dejaste de quererme o porque me doy cuenta de que nunca me quisiste? No. Solo estoy triste porque no puedo distinguir la razón de mi propia pena.

Hoy te he odiado y te he querido a partes iguales. En cuanto empecé a echarte de menos tuve la respuesta: no deseo olvidarte, deseo no haberte conocido nunca. Seguiré amando a mi chico amado, mi amante perfecto, el amor que yo misma inventé para mí. Y seguiré odiando a mi chico odiado, mi peor pesadilla, porque mataste al primero y tomaste su lugar sin pedir permiso.

Ya no sé quién eres. O lo que es peor, no sé quien fuiste. Aquel que conocí era bueno, atento y me hacía reir. Ahora tú has tomado posesión de su cuerpo, lo has asesinado, descuartizado y quemado los trocitos, te has convertido en un ser despreciable, egoísta, manipulador y mentiroso. Te odio por haber matado al que un día amé y seguiré amando eternamente.

De lo que no estoy segura es de si voy a odiarte para siempre también, o si conseguiré olvidar tanto odio y tanto rencor. Dejaré que lo decidan mis dos mitades, las dos mitades de mi corazón, el corazón que tú has partido en dos. (Domingo 4 Julio 2010)

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