miércoles, 2 de enero de 2013

Tener una pesadilla y despertarte un domingo antes de las 8 de la mañana con un ataque de risa? No tiene precio



¿Pijama de Oysho? 0 € (me lo regaló una amiga) ¿edredón nórdico? Un pastizal (porque con el friazo que hace tengo que ponerme dos) ¿Tener una pesadilla y despertarte un domingo antes de las 8 de la mañana con un ataque de risa? No tiene precio… para todo lo demás MasterCard.

Y os explico lo que me ha pasado porque es lo típico que se lo cuento a alguien y no se lo cree. Me acuesto un sábado a las 2 de la mañana, pues es fiesta y hasta el domingo a las 11 no me tengo que despertar. Pero de repente tengo un “sueño” tocapelotas, y continúo explicándome: resulta que estaba yo teniendo una de estas pesadillas como de película de intriga, misterio y mucho suspense… tengo una conversación bastante acojonada con dos amigos: uno haciéndome preguntas sobre algo terrible que me ha pasado, yo le comento que no entiendo que mi hermano me vendiese a mi madre de esa manera (le contó algún tipo de secreto que me ponía en un aprieto), este amigo mío con el que hablo, no me cree, le digo que seguramente mi madre le extorsionaría, y va el amigo y me suelta que lo normal en mi caso es que, la que miente soy yo…

En ese instante pasa un camión por la calle cerca, muy cerca de nosotros, tanto que casi me atropella cruelmente… pero no sucedió nada dramático, todo lo contrario. Me giro y me doy cuenta de que estoy sentada en uno de esos bancos gigantes que hay en los parques, hecho de piedra o mármol.

Y al otro lado del banco la decoración: (atención que la cosa tiene pelotas) un televisor de los antiguos, de esos que son como un mamotreto de grandes con su pantalla que tiene de todo menos plana. Bien, la tele incrustada en el banco por el lateral y la parte alta del banco, decoración con una inscripción en forma de estrella.

Oigo a los vecinos diciendo: la tele es bien bonita… no funciona, pero tiene una estrellita monísima… otro vecino comenta: sí, y también le han puesto unas cintas… (agarra las cintas y se le rompen)… y sigue hablando el tío: hum… ya no.

Y en ese momento es cuando ya no me puedo creer en eso que me estaba pasando, ¿era una puta broma? ¿qué mierda de pesadilla era esa? ¿cómo mi cerebro tiene los cojones de encasquetarme semejante bazofia…?? ¡¡¡y de ese calibre!!!

Ahí me empiezo a descojonar… se me caen las lágrimas y me doy cuenta de que me acabo de despertar con el ataque de risa… no sólo eso, no puedo dejar de reírme, despierto a todo el que vive en casa, mi novio preguntándome: ¿pero de qué cojones te ríes? Yo que no atino a decir una sola palabra, e incapaz de eliminar esa imagen tan sumamente absurda de mi mente.

De repente, se me medio pasa el repentino descojone y miro la hora en mi móvil: las ocho menos diez de la mañana… decido lavarme la cara y ponerme a escribir porque es imposible volver a quedarse dormida con ese panorama.

Entrada redactada por Rombos, basada en una historia real, cortesía de su cerebro (que es un cachondo el tío).

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