miércoles, 2 de enero de 2013

Una experiencia inolvidable: tocarse no mata



El jueves asistí a lo que llamaron “experimento mp3” o lo que se llama comúnmente en el resto del mundo: gincana o juego de ciudad. Que consistía básicamente en bajarte una grabación de casi una hora en formato mp3 para escuchar en un reproductor, y acudir con él a una conocida calle de: Vigo, Madrid o Murcia, llevando una camiseta: verde, azul, amarilla o roja. A las 18:00 horas en punto ponías a funcionar tu reproductor y tan sólo tenías que seguir las instrucciones de la voz que escuchabas de un tal Bruno.

Esto lo hicieron con motivo de promocionar los museos y con fines lúdicos. Eso sí, pensando que han descubierto América. Lo triste no es ver a un montón de freaks perdiendo el poco sentido del ridículo que les queda. Lo realmente patético es darse cuenta de que la gente no conoce que existe la vida lúdica después de los 10 años. Ya me los estoy imaginando dentro de 50 años… “¿yo? ¿Lanzar los dados? No me atrevería, ¿y si salen un 6 y un 9? ¡Qué número tan guarro!”

A esto hemos llegado. Yo, rodeada de 300 personas más, se supone que dispuestas a perder la vergüenza y pasarlo bien con una grabación que podría haber hecho mi prima de 8 años mientras ve la tele y se come un bocata de chorizo. Cosas como: siéntate en el suelo, juguemos a “Simón dice”, busca un animal… ¡¡Órdenes que no cumple mi perra porque le parecen insultantemente estúpidas!! Ya que te montas una movida de este calibre, señor organizador del evento, ten la osadía de leer información en Internet sobre gincanas, juegos al aire libre, actividades lúdicas, dinámicas de grupo ¡¡¡¿¿te suenan estás palabras de algo??!!! Si la respuesta es “no”, no te metas donde no te llaman.

Lo peor no es eso, lo peor son como siempre los periódicos y televisiones poniendo el evento como algo asombrosamente innovador y maravillosamente desconcertante. A ver, ángel de amor, ¿qué tiene de desconcertante si todo el mundo sabía lo que estaba pasando? Si avisas con antelación, casi íbamos uniformados, había más gente mirando que participando, casi posábamos para las fotos y nadie se cortaba en enseñar los auriculares. Los medios de comunicación como siempre ensalzando aquella noticia como si fuese el “no va más” de las actividades futuristas, cuando millones de grupos escultistas de todo el planeta llevan haciendo este tipo de juegos cada semana durante 200 años. Una vez más, los medios de comunicación no se enteran de nada. Y los “chupa-teles” que se lo creen todo iban al día siguiente comentando la jugada en el supermercado, en la parada del bus: ¿viste aquellos chavales de colorines en la calle Príncipe? ¿Qué original, verdad?

Original… Sí, vamos a quedarnos con esa palabra, que les sale a los gallegos por los cuatro costados. Al igual que la iniciativa y la espontaneidad. Vamos a citar un momento de la grabación en la que Bruno nos dice que busquemos a alguien desconocido que participe en el juego con otro color de camiseta diferente al nuestro y… le abracemos. Observo las caras de mis compañeros: caras de susto, auténtico pánico, hacen tiempo mirando al suelo pensando para sus adentros: ¿de verdad hay que tocarse? Sí, joder, tocarse no mata, no te van a pegar el SIDA ni nada parecido, no vas a morir de lepra por darle un abrazo a un desconocido ¡¡rancio de mierda!!

Pero no solamente acabé asqueada por la falta de motivación (si ya sabías a lo que venías...) es que la participación en este pueblo seguramente estaría prohibida hasta hace 10 años, no hay otra explicación para que no sepan cómo se utiliza y que, cuando lo hagan les salga tan sumamente mal. Hubo momentos en los que pensé: quien nos vea desde fuera no tiene ni idea de que tenemos música puesta, si nadie se mueve es imposible de adivinar, somos 300 subnormales escuchando cualquier cosa por los auriculares parados en medio de la calle. Lo mismo te bailan Michael Jackson que la BSO de Dirty Dancing y no se nota la diferencia.

¿Y la picardía? ¿Qué es eso? Esta gente necesita un cursillo acelerado urgentemente. No es de extrañar que las pocas personas que viajan al extranjero y vuelven estén deseando huir en seguida de “soso-landia”. Mejor no me meto a hablar del poco sentido del humor que tiene esta gente, vamos a quedarnos hoy solo con esta experiencia que, como prometía la “voz omnipotente” se suponía que iba a ser increíblemente excitante e inolvidable. Y… en una cosa no se ha equivocado, inolvidable ha sido. ¿Quién se va a olvidar de haber compartido una tarde con un montón de gente adulta que no sabía que no está prohibido jugar a partir de los 10 años?

Firmado: Rombos

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