domingo, 30 de junio de 2019

Minako, Mai "Ginezonia La forja de la colmena I: Diana"

Ginezonia 
La forja de la colmena I:
Diana
Mai Minako



Querido diario: 

Hoy quiero darle las gracias a este autor (y su hija, la coautora) que con toda amabilidad se puso en contacto conmigo y me ha hecho llegar este ejemplar que os recomiendo, por aquí os dejaré la sinopsis y más abajo un enlace de compra: 
Ginezonia es una serie de novelas distópicas con fuertes reivindicaciones sobre el papel de los sexos en la sociedad. Su título es un reflejo de las situaciones de opresión sufridas por las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad.
El argumento se despliega en cinco tramas entrelazadas que se desarrollan en diferentes periodos temporales y en lugares de lo más dispares:
 
pasado (1980 – 2012, Corea del Norte, México, Inglaterra)  
presente (2018 – 2033, Estados Unidos) 
futuro medio (2046-2084, base militar estadounidense en cuarentena y estación espacial ficticia) 
y futuro lejano ( 2305 -, la tierra reconvertida Ginezonia, un lugar donde los varones están relegados a la mera función reproductora).
Con este primer título, los autores tras el pseudónimo, padre e hija, inician la saga, en la que estuvieron trabajando durante cinco años antes de su presentación.
Por expresa petición de lectores beta, que estuvieron evaluando la novela antes de su publicación, la novela se presenta en dos versiones: la original, plagada de vocablos y giros latinos, concebida así para dar color y ambientación; y ésta, la españolizada, donde se evitan dichas expresiones con el fin de hacer la lectura más fluida a los públicos no familiarizados con dichos términos.
«María, la Virgen María, la valedora de las causas perdidas. ¿Cómo pudo dejarse convencer con semejante disparate? ¿Cómo fue capaz de poner en manos de un politoxicómano la vida de su hija no nata? La suya propia no le importaba.
Pero, ¿cómo iba a saberlo? Además, su mente estaba completamente obnubilada por las más absurdas fantasías.
Un gordinflón de mediana edad, impecablemente vestido, con dos oficiales a lo que se veía un sargento y un cabo, se bajaron de un enorme carro gris con los cristales entilados. Sin mediar palabra, el cabo se dirigió a recoger el fajo de billetes que Esteban le ofrecía mientras el sargento comenzó a contar a los inmigrantes.
—Veintisiete —voceó.
—Está todo —confirmó el cabo, tras comprobar el dinero, encaminándose entonces los tres hacía el grupito de las gringas.
Cuando llegaron, el gordo entabló a hablar con la señorita, como si se conocieran, y, bajando levemente las gafas de sol, comenzó a escudriñar a las niñas mientras ella no paraba de sonreír.
—Esteban, ¿qué carajo está pasando? —preguntó Isabel, inquieta. Aquello no le olía nada bien—. Se suponía que en cuanto tuvieran su parte se largarían a toda pastilla.
—Cómo no, doña —le contestó el pollero—, pero aún no han cobrado del todo. Les falta el peaje de las gringuitas.»

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